La soledad del creativo freelance

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¿Trabajar en pijama sonaba mejor de lo que es en realidad?, ¿adoras a tu gato pero a veces te gustaría poder consultarle dudas técnicas?, ¿te has tragado una temporada entera de Rick y Morty cuando se supone que deberías estar trabajando?. ¡Enhorabuena! Eres un auténtico freelance.

La idealización de la vida Freelance

Lo has conseguido. Eres freelance, o autónomo. Pero llamémoslo freelance que suena menos deprimente y mucho más moderno. Te has quitado el yugo del horario de “9 a 5” y has conseguido tener esa libertad tan deseada desde que descubriste que es imposible ser productivo durante 8 horas seguidas.

Ahora que eres freelance, te habrás preparado en casa tu espacio soñado, tu rincón maravilloso con todo aquello que te inspira y que te aporta creatividad. Todas aquellas cosas que ningún jefe te dejaría tener en la oficina, las tienes ahora repartidas por doquier alrededor de tu pantalla en tu escritorio, aunque ni siquiera sean útiles, pero ahí están, porque ahora controlas y gestionas tu mundo laboral a tu manera.

Dueño de tu propio tiempo y espacio…

Además por supuesto, estás en zapatillas de andar por casa y posiblemente en pijama. Y el café te lo estás tomando en una taza friki de tu serie favorita de la que te avergüenza alardear, pero no importa porque nadie te va a criticar. Irás a desayunar luego al bar de abajo a la hora que te apetezca y volverás sin prisas, con la satisfacción interior de que todo ese tráfico de locos en las calles no te va a estresar a ti, al menos no hoy.

Y es que hay pocas cosas en el mundo del freelance más idealizadas que el trabajar desde casa.

Ahora este es tu espacio, tu mundo. Y vas a hacer las cosas a tu manera.

Has leído reviews de todo tipo sobre sistemas de gestión de tareas, sobre flujos de trabajo en solitario, ya has probado Asana, Trello y Kanbanflow para ver cuál se adapta mejor a tu nueva condición de lobo solitario, has planificado cómo vas a gestionar la comunicación con tus clientes para perder el menor tiempo posible con emails que no llevan a nada. Y ya has previsto cuantos “pomodoros” equivalen a una jornada laboral decente, incluso ya has descubierto que eres una persona nocturna y que te concentras mejor cuando el resto de los mortales están soñando.

Has organizado un motón de tareas para las próximas semanas. Ya has anotado todos esos proyectos pendientes que nunca antes pudiste realizar por falta de tiempo. Y ya saben todos tus colegas diseñadores que estás libre para colaboraciones. Así que ahora toca trabajar y duro.

Las frustraciones son duras en soledad


Pero un día te encuentras con un problema, uno grande. De esos que no encuentras la solución ni en Stack Overflow. Buscas cómo resolverlo durante horas antes de pedir ayuda por email a algún ex compañero de trabajo, porque pedir auxilio a alguien de tu antiguo mundo laboral sería como decir: “no puedo desenvolverme por mí mismo”. Dejas el problema, te vas a tomar otro café y te asomas al balcón a pensar. Llevas 3 horas “perdidas” ya con este asunto, pero has de resolverlo tú solo. Es la única forma de aprender.

Otro día te levantas muy cansado porque la noche anterior te fuiste a la cama tarde. Total, no tienes por qué madrugar si no quieres… Pero estás diseñando una interfaz a la que estás dando más vueltas de la cuenta y no lo ves claro del todo. Te gustaría preguntar por algún tipo de feedback. Podrías mandar un pantallazo del diseño por Whatsapp a algún amigo para que te dé su opinión, pero eso no parece serio del todo. Quieres ser un buen profesional. Podrías escribir un email a algún amigo diseñador. Pero no lo haces porque crees que fuera de contexto no se va a entender bien tu propuesta, además que ese amigo estará liado con sus propias tareas y no quieres interrumpirlo. Así que te vas a jugar un rato con el gato…

Pasado mañana te verás en otra situación más favorable, donde has podido realizar una tarea específica que te traía de cabeza durante meses. O has aprendido algo muy útil que no sabías y que te hará mucho más productivo en tus proyectos a partir de ahora. Estás tan contento que te levantas del portátil para picar algo de comida y de camino celebrarlo.

Pero no hay nadie en la habitación. Te gustaría contar a alguien que has podido resolver ese problema que te traía de cabeza, aunque sea sólo por desahogo. No quieres escribir un mensaje a alguien para explicarlo, simplemente quieres compartir un momento de victoria con alguien, y qué mejor que compartirlo con quien haya estado en la misma batalla.

Al fin y al cabo, lo que aquí echas de menos es el trabajo en equipo. Indudablemente una tarea compartida se hace más llevadera a la hora de enfrentarse a contratiempos. Y por más especializado que estés en una tarea concreta dentro de un equipo, cuando algo sale mal o sale bien, nos gusta comentarlo con alguien de ese equipo, que aunque a lo mejor no entienda 100% de la realidad de ese problema, sabrá apreciar ese momento de resolución y se alegrará. Simplemente necesitas hablarlo con alguien que haya sufrido una situación similar.

Tanto para buscar una solución a un problema, como celebrar una solución, necesitamos compartir experiencias.

¿Cómo evitar la soledad como freelance?

Voy a contarte las soluciones que a mí me ayudan en los momentos de soledad…

1. Espacios de coworking

Tengo que reconocerlo. Soy un enamorado de los espacios de coworking desde que los descubrí. Sigo a muchos de ellos por redes sociales para ver qué actividades hacen y qué tipo de proyectos trabajan. Yo he tenido la suerte de formar familia en uno muy especial: Tejares 11 – Espacio Creativo.

Para mi ha sido una inyección de energía y la razón es muy sencilla: en los espacios de coworking existe una “jerarquía horizontal” y un compañerismo que fomenta el crecimiento generalizado de los distintos usuarios y de sus proyectos. Todo el mundo directa o indirectamente se retroalimenta de los demás. Para mí es esencial rodearte de profesionales mejores que tú, es la única forma que entiendo de crecer, unirte a los mejores.

Y seamos sinceros, trabajando solos desde casa, el crecimiento y el aprendizaje es exponencialmente inferior.

Los espacios de coworking normalmente están frecuentados por freelances o equipos pequeños y el trato suele ser muy de tú a tú. Es un ambiente laboral muy propenso al diálogo y esto hace que las ideas fluyan mucho más que en solitario. También es muy posible que encuentres a otro profesional que realice tareas paralelas a las tuyas. Ver cómo esa persona se desenvuelve y resuelve sus problemas debe motivarte a gestionar mejor los tuyos y a crecer como profesional. Además, en algún descanso de ambos, tendrás la oportunidad de comentar muchos asuntos que pueden hacerte aprender a relativizar tus problemas, o pueden surgir nuevas oportunidades de colaboraciones, o nacer nuevos proyectos. ¿Quién sabe?.

Un inconveniente común que se le atribuye a los espacios compartidos es que son lugares donde es muy fácil distraerse, aunque para mí esto es cierto sólo a medias. Pues estoy seguro de que en un espacio de coworking no te pondrías a ver un capítulo de una serie en mitad de la jornada laboral ni pasarías mucho tiempo en redes sociales. Al fin y al cabo, estás totalmente expuesto en el campo visual de los demás: tu pantalla la están viendo el resto de compañeros…

Además, otra razón muy importante a considerar es que al pagar por un espacio de trabajo y no quedarte a trabajar “gratis” desde tu casa, tu tiempo se verá más valorado, pues estás pagando por estar ahí sentado y no querrás desaprovechar ni un minuto. No querrás tirar tu dinero cuando eres freelance. Eso es seguro.

2. Grupos especializados de Facebook

Reconócelo. En algún momento de tu jornada laboral pierdes tiempo de tus tareas navegando por redes sociales. Bien, pues vamos a darle la vuelta a la tortilla y usemos ese tiempo de manera provechosa. Existen muchísimos grupos especializados en Facebook donde encontrarás otros freelances con los mismos problemas que tienes tú.

Para mí esto ha sido un descubrimiento reciente, pero muchísimo más útil de lo que nunca hubiera imaginado. Cuando digo que son grupos especializados, realmente lo están. Los hay hasta de frameworks específicos o de combinaciones de herramientas. Una pasada. Y como digo, posiblemente en ellos ya se han resuelto problemas con los que te vas a encontrar.

Si eres freelance, te recomiendo este facebook.com/groups/freelantasticos, donde se tratan temas de todo tipo sobre la situación laboral de los emprendedores solitarios, cómo gestionar el trato con el cliente, qué herramientas usar, qué métodos de pago, facturación, etc. Pero sobre todo, este grupo está enfocado en alcanzar la especialización como diseñadores. Un camino necesario para conseguir que los clientes te valoren por tu trabajo y no por ser baratos.

3. Conferencias, quedadas y charlas profesionales

Estas quedadas, conferencias y charlas entre colectivos de alguna disciplina creativa son muy frecuentes en grandes ciudades y suelen ser anuales. Aquí en Sevilla tenemos por ejemplo: Wordcamps, Semana del diseño, Festival de animación o Adobe Creative Meetup. Son un hervidero de ideas frescas con conferencias y conversaciones que aceleran tu creatividad y alimentan tu inspiración.

4. Meetups

La semana pasada asistí a mi primer Meetup sobre WordPress. Fue una muy grata experiencia. El nivel era altísimo y se habló sobre cuestiones realmente interesantes, de hecho el formato de este Meetup fue de consultoría. Previamente los asistentes enviaron sus dudas y todas ellas se trataron ya cara a cara en la reunión.

Este tipo de charla coloquio es muy útil para aprender sobre qué tipo de procesos y herramientas usan otros profesionales. Ya no sólo te van a inspirar, si no que te llevarás información muy valiosa para aplicarla a tu propio método de trabajo y workflow.

5. Tómate unas cervezas con otros creativos o con humanos en general

Esta es la salida a la soledad del freelance que más frecuente se da en mi caso. Una ruptura con tu espacio de trabajo para respirar un poco de aire fresco que te desconecta y recarga la batería, pero si además echas una buena charla con colegas del gremio, cuentas sobre tus proyectos, dudas, problemas a otros, la energía con la que volverás a casa es doble.

Y es que en definitiva somos seres sociales y estamos aquí para aprender. Y qué mejor que aprender juntos. Y un freelance, por muy poco humano que parezca por la cantidad de cafeína que recorre sus venas, también necesita de relaciones sociales para crecer y ser un mejor profesional.


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